In Memoriam – Eustorgio Agraz
Blog Restaurante Stop

Pocas veces tienes la sensación de que algo finaliza, de que un ciclo se cierra, como cuando te dicen que alguien, que ha formado parte de tu vida durante más o menos tiempo, ha desaparecido. Pocas veces, como hoy, te sientes huérfano de tantas vivencias de adolescencia y juventud, como cuando entre todos conseguíamos reunir la cantidad necesaria, rebuscando en los bolsillos y, al final de alguna tarde de pandilleo y guitarras, nos podíamos tomar un Trinaranjus, o una Mirinda, en la pequeña terraza del antiguo Bar Stop, justo donde él y la carretera de Cuenca recibían su propio nombre.


Nos ha dejado Eustorgio. Un hombre emprendedor donde los haya. Cuando todavía no se sabía bien el significado de esa palabra, ya elevó él las categorías de autónomo y hostelería a la máxima expresión de eficacia y visión de futuro.


Eustorgio Agraz comenzó su andadura profesional como carpintero, justo detrás de ese primer bar. De ahí se convirtió en conserje y gerente del bar de la pomposa Sociedad Recreativo Cultural “Nudo Gordiano”, junto a la plaza mayor, bajando hacia la cuesta del Hospital. Ahí empezaron a coger fama las patatas bravas y demás tapas que su mujer, la Pepa, preparaba en la cocina.
Después, en los albores de los años setenta, fundó el primer Bar Stop, un lugar tan pequeño como entrañable, e imprescindible. Nos sentábamos bajo el chopo de la esquina, junto a la cabina de teléfonos, esperando hasta que conseguíamos ocupar alguna mesa vacía en la atestada terraza, para degustar aquellos exquisitos callos de marca conocida y que la Pepa conseguía elevar a la categoría de caseros.

Cuando informábamos a Eustorgio de que, unas veces el pan y otras el caldo, se habían acabado, nos sonreía beatíficamente y esperábamos, después del acostumbrado prólogo de su eh?, alguna ingeniosa respuesta. Como aquella que daba a quien le metía prisa porque tardaba demasiado la ración solicitada…
-No conozco a nadie que, teniendo prisa, se meta en un bar.


Cualquier otro camarero conformista y falto de ilusiones, se hubiera dedicado a mantener ese próspero negocio. Pero él no. Sin miedo alguno a los que, agoreramente, predecían el inexorable declive del pueblo, inició la construcción del edificio que albergaría, unos meses más tarde, el actual e impresionante Restaurante Stop II, cita ineludible para visitantes ocasionales y forasteros de toda la comarca. Sus zarajos, sepia, bonito y chuletas de huerta, gozan, han gozado siempre, de merecida fama allende todas las fronteras.


Tal vez, como muchos otros que se nos han ido en silencio y sin algaradas, hubiera merecido algún tipo de reconocimiento de nuestro pueblo, gobernantes e instituciones incluidos.


Eustorgio Agraz Lara era primo hermano de mi madre. Éramos vecinos y, aunque las familias no se “hablaban” a causa de algún antiguo problemilla, nosotros siempre hemos mantenido una buena relación, en sensible aumento desde que mi hermano Javi se convirtió en yerno y sucesor, junto a Jose, al frente del negocio familiar.


En sus últimos años se dedicó a la apicultura y a jugar al tute con los amigos, por las mañana, en su bar. Hasta que una terrible enfermedad le fue minando poco a poco, y él, que tan pendiente había estado siempre de todo y de todos, se fue encerrando dentro de un mundo de olvidos y silencios.

Recuerdo una conversación de la película El Diario de Noah, en la que un doctor recrimina a Noah que extremase tanto sus atenciones a la esposa enferma, diciéndole:
-Por qué le sigue leyendo si ella no le conoce a usted? Y el responde:
-Pero yo a ella si.
Mientras sigamos recordando a nuestro paisano y amigo Eustorgio, seguirá viviendo entre nosotros.


Un fuerte abrazo a Pepa, Julián, Antonio, Esperanza, Josefina, Javi, Lucía y Andrea.
Descansa en paz, Eustorgio.